Soñé que estaba en Toluca y que íbamos a visitar un museo que yo había visto previamente en Google Maps. Estaba en una zona montañosa y, según recuerdo, debajo había unas ruinas arqueológicas. Desde ahí también salía un teleférico que subía todavía más arriba, hacia la montaña.
Íbamos todos en el coche. Mi madre conducía y también venían unas tías y un sobrino.
Al llegar encontramos dos estacionamientos y, durante un momento, no sabíamos muy bien cuál tomar. El del museo parecía estar completamente lleno y el otro tenía un aspecto un poco más privado, aunque todavía quedaban algunos lugares.
Finalmente apareció una persona que nos explicó que, por ser fin de semana, no había problema en estacionarnos ahí. Al parecer era bastante habitual que la gente utilizara ese espacio cuando el estacionamiento principal se llenaba.
Entramos, encontramos un sitio y nos bajamos.
Después de caminar un poco, alcanzábamos a ver a la distancia las ruinas arqueológicas y también la estación del teleférico. Mi sobrino decía que podríamos subir, pero una de mis tías le recordaba que ese día solamente habíamos ido a visitar el museo y que no llevábamos nada preparado para ir más lejos.
Y tenía sentido.
La gente que esperaba el teleférico no parecía estar haciendo una simple visita. Llevaban mochilas, agua y equipo para acampar, como si fueran a pasar varias horas, o incluso la noche, en la montaña.
Así que continuábamos hacia el museo.
Lo recuerdo como un edificio bastante grande, organizado en una especie de cuadrícula. Había muchos espacios cuadrados, uno junto a otro, donde estaban distribuidas las distintas cosas que podíamos observar.
Sin embargo, poco a poco, el museo comenzaba a transformarse.
Los espacios donde antes había piezas o exhibiciones empezaban a convertirse en pequeños puestos. La estructura seguía siendo la misma, pero el lugar ya no parecía un museo. Ahora era una especie de mercado.
Nosotros comenzábamos a comprar algunas cosas y, sin darme cuenta, ya llevábamos varias bolsas.
Después empezaba a llegar cada vez más gente.
Y el mercado volvía a transformarse.
Los puestos se convertían en mesas y las personas que recorrían el lugar empezaban a parecer invitados. De pronto, aquello ya no era ni un museo ni un mercado, sino una enorme fiesta comunal.
Era una de esas celebraciones en las que todos parecían haber llegado llevando algo para compartir. Unos llevaban comida, otros regalos, otros postres. Las bolsas que nosotros habíamos estado cargando durante el mercado ahora resultaban ser bolsas de regalos destinadas a la fiesta.
Nosotros también habíamos llevado comida.
Había una enorme charola con unos tres lomos de cerdo preparados, con una apariencia casi navideña, y además llevábamos una torre enorme de pequeños pasteles individuales servidos en vasitos. Serían fácilmente unos doscientos. Cada uno estaba decorado y listo para repartirse como una porción individual, de modo que, en conjunto, se veía bastante bonito y además muy práctico para una fiesta de ese tamaño.
Detrás de nosotros venían dos personas cargando las charolas con los lomos y los pasteles.
Al llegar, alguien comenzaba a cortar la carne y a repartirla entre los invitados, como si todo aquello hubiera estado planeado desde el principio.
Entonces aparecía un primo con su actual expesposa.
En el sueño llegaban juntos, casi como si siguieran siendo pareja, aunque en la realidad ya están separados. Pero, curiosamente, eso no parecía ser lo que más llamaba la atención.
Lo que realmente provocaba la reacción de todos eran los pasteles que llevaban.
Eran dos pasteles rectangulares enormes, de unos treinta o cuarenta centímetros de ancho y, en mi recuerdo, fácilmente alcanzaban los dos metros de largo. Eran exagerados, muy vistosos y bastante ostentosos.
Todo el mundo reaccionaba con ese “oh” inevitable que provocan las cosas enormes.
Y claro, aunque nosotros también habíamos llevado postre —una cantidad absurda de pastelitos individuales, además—, aquellos dos pastelotes se robaban inmediatamente toda la atención.
Más tarde llegábamos hasta una de las mesas, donde ya estaba otra tía con sus hijos.
Entonces ella soltaba un comentario con cierto tono venenoso: decía que mi primo había comentado que no tenía dinero y que seguramente había sido su expesposa quien lo había convencido de comprar semejantes pasteles.
La insinuación era más o menos evidente: como si hubieran llegado con aquellos pastelotes precisamente para llamar la atención y opacar lo que nosotros habíamos llevado.
Pero nosotros simplemente respondíamos que ya no importaba.
Estábamos ahí para celebrar.
Y no tenía mucho sentido detenerse en eso.
Entonces sonó mi despertador y me desperté.
Lo más extraño es que, mientras soñaba, ninguna de aquellas transformaciones me parecía particularmente absurda.
Habíamos llegado a un museo en la montaña, el museo se había convertido en un mercado y el mercado había terminado siendo una enorme fiesta comunal llena de regalos, lomos de cerdo, cientos de pastelitos y dos pasteles gigantes que, por alguna razón, terminaron convirtiéndose en el centro de atención.
Y, dentro del sueño, todo parecía tener una lógica perfectamente normal.
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Íbamos todos en el coche. Mi madre conducía y también venían unas tías y un sobrino.
Al llegar encontramos dos estacionamientos y, durante un momento, no sabíamos muy bien cuál tomar. El del museo parecía estar completamente lleno y el otro tenía un aspecto un poco más privado, aunque todavía quedaban algunos lugares.
Finalmente apareció una persona que nos explicó que, por ser fin de semana, no había problema en estacionarnos ahí. Al parecer era bastante habitual que la gente utilizara ese espacio cuando el estacionamiento principal se llenaba.
Entramos, encontramos un sitio y nos bajamos.
Después de caminar un poco, alcanzábamos a ver a la distancia las ruinas arqueológicas y también la estación del teleférico. Mi sobrino decía que podríamos subir, pero una de mis tías le recordaba que ese día solamente habíamos ido a visitar el museo y que no llevábamos nada preparado para ir más lejos.
Y tenía sentido.
La gente que esperaba el teleférico no parecía estar haciendo una simple visita. Llevaban mochilas, agua y equipo para acampar, como si fueran a pasar varias horas, o incluso la noche, en la montaña.
Así que continuábamos hacia el museo.
Lo recuerdo como un edificio bastante grande, organizado en una especie de cuadrícula. Había muchos espacios cuadrados, uno junto a otro, donde estaban distribuidas las distintas cosas que podíamos observar.
Sin embargo, poco a poco, el museo comenzaba a transformarse.
Los espacios donde antes había piezas o exhibiciones empezaban a convertirse en pequeños puestos. La estructura seguía siendo la misma, pero el lugar ya no parecía un museo. Ahora era una especie de mercado.
Nosotros comenzábamos a comprar algunas cosas y, sin darme cuenta, ya llevábamos varias bolsas.
Después empezaba a llegar cada vez más gente.
Y el mercado volvía a transformarse.
Los puestos se convertían en mesas y las personas que recorrían el lugar empezaban a parecer invitados. De pronto, aquello ya no era ni un museo ni un mercado, sino una enorme fiesta comunal.
Era una de esas celebraciones en las que todos parecían haber llegado llevando algo para compartir. Unos llevaban comida, otros regalos, otros postres. Las bolsas que nosotros habíamos estado cargando durante el mercado ahora resultaban ser bolsas de regalos destinadas a la fiesta.
Nosotros también habíamos llevado comida.
Había una enorme charola con unos tres lomos de cerdo preparados, con una apariencia casi navideña, y además llevábamos una torre enorme de pequeños pasteles individuales servidos en vasitos. Serían fácilmente unos doscientos. Cada uno estaba decorado y listo para repartirse como una porción individual, de modo que, en conjunto, se veía bastante bonito y además muy práctico para una fiesta de ese tamaño.
Detrás de nosotros venían dos personas cargando las charolas con los lomos y los pasteles.
Al llegar, alguien comenzaba a cortar la carne y a repartirla entre los invitados, como si todo aquello hubiera estado planeado desde el principio.
Entonces aparecía un primo con su actual expesposa.
En el sueño llegaban juntos, casi como si siguieran siendo pareja, aunque en la realidad ya están separados. Pero, curiosamente, eso no parecía ser lo que más llamaba la atención.
Lo que realmente provocaba la reacción de todos eran los pasteles que llevaban.
Eran dos pasteles rectangulares enormes, de unos treinta o cuarenta centímetros de ancho y, en mi recuerdo, fácilmente alcanzaban los dos metros de largo. Eran exagerados, muy vistosos y bastante ostentosos.
Todo el mundo reaccionaba con ese “oh” inevitable que provocan las cosas enormes.
Y claro, aunque nosotros también habíamos llevado postre —una cantidad absurda de pastelitos individuales, además—, aquellos dos pastelotes se robaban inmediatamente toda la atención.
Más tarde llegábamos hasta una de las mesas, donde ya estaba otra tía con sus hijos.
Entonces ella soltaba un comentario con cierto tono venenoso: decía que mi primo había comentado que no tenía dinero y que seguramente había sido su expesposa quien lo había convencido de comprar semejantes pasteles.
La insinuación era más o menos evidente: como si hubieran llegado con aquellos pastelotes precisamente para llamar la atención y opacar lo que nosotros habíamos llevado.
Pero nosotros simplemente respondíamos que ya no importaba.
Estábamos ahí para celebrar.
Y no tenía mucho sentido detenerse en eso.
Entonces sonó mi despertador y me desperté.
Lo más extraño es que, mientras soñaba, ninguna de aquellas transformaciones me parecía particularmente absurda.
Habíamos llegado a un museo en la montaña, el museo se había convertido en un mercado y el mercado había terminado siendo una enorme fiesta comunal llena de regalos, lomos de cerdo, cientos de pastelitos y dos pasteles gigantes que, por alguna razón, terminaron convirtiéndose en el centro de atención.
Y, dentro del sueño, todo parecía tener una lógica perfectamente normal.
HELL MODE
Todo mundo anda con sus fotos de los ochenta, pero yo, como soy único y detergente, tenía que sacar mi propia versión medio ochentera. 😂
Aunque, siendo honestos, qué bueno que no me tocó vivir esa época. Viéndola desde hoy, con las ideas que tengo, las cosas que pienso y la libertad con la que me gusta expresarlas, probablemente no habría sido precisamente el ciudadano favorito del México priista de aquellos años. 😅
Y sí, lo de que seguramente habría terminado fusilado por el Estado opresor del PRI lleva su buena dosis de humor negro… pero detrás del chiste hay una historia bastante menos graciosa: persecución política, desapariciones, tortura, represión y personas que pagaron muy caro por disentir.
Así que me quedo con la estética de los ochenta: la ropa, los colores, los coches y las fotos con ese aire tan particular.
La parte política… esa sí prefiero admirarla únicamente desde los libros de historia.
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Aunque, siendo honestos, qué bueno que no me tocó vivir esa época. Viéndola desde hoy, con las ideas que tengo, las cosas que pienso y la libertad con la que me gusta expresarlas, probablemente no habría sido precisamente el ciudadano favorito del México priista de aquellos años. 😅
Y sí, lo de que seguramente habría terminado fusilado por el Estado opresor del PRI lleva su buena dosis de humor negro… pero detrás del chiste hay una historia bastante menos graciosa: persecución política, desapariciones, tortura, represión y personas que pagaron muy caro por disentir.
Así que me quedo con la estética de los ochenta: la ropa, los colores, los coches y las fotos con ese aire tan particular.
La parte política… esa sí prefiero admirarla únicamente desde los libros de historia.
☀️ Una horita y vámonos
Hoy tocó entreno matutino, pero con el tiempo contado. Entre los contratiempos de la vida, apenas pude hacer una horita, así que me fui directo a trabajar pecho, hombros, espalda y brazos. 💪
Y pues ya es oficial: el gimnasio que me quedaba cerquita del trabajo y de mis actividades cerró definitivamente. 🥲 Ahora los otros me quedan más lejos, así que probablemente ya no pueda mantener esas rachas de ir todas las semanas. Tocará acomodar los entrenos cuando se pueda, entre el transporte público y todo lo demás.
Pero bueno, hoy sí se pudo. 😌 No fue una sesión larguísima, pero se trabajó bien y me fui contento. A ver cómo nos vamos acomodando con esta nueva rutina. 😂🏋️
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Y pues ya es oficial: el gimnasio que me quedaba cerquita del trabajo y de mis actividades cerró definitivamente. 🥲 Ahora los otros me quedan más lejos, así que probablemente ya no pueda mantener esas rachas de ir todas las semanas. Tocará acomodar los entrenos cuando se pueda, entre el transporte público y todo lo demás.
Pero bueno, hoy sí se pudo. 😌 No fue una sesión larguísima, pero se trabajó bien y me fui contento. A ver cómo nos vamos acomodando con esta nueva rutina. 😂🏋️
Hay momentos en los que quieres hacer cosas tontas y locas y armas toda una serie de pasos para que tus amigos se sumen.
Pero luego llega el paso uno… visto.
Ni like, ni respuesta, ni nada. Simplemente: “ah, qué lindo”… next. 😂
Y curiosamente siempre termina apareciendo algún random de internet que dice: “Yo, a huevo, yo lo hago”.
Y así es como terminan pasando estas cosas locas.
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Pero luego llega el paso uno… visto.
Ni like, ni respuesta, ni nada. Simplemente: “ah, qué lindo”… next. 😂
Y curiosamente siempre termina apareciendo algún random de internet que dice: “Yo, a huevo, yo lo hago”.
Y así es como terminan pasando estas cosas locas.
Became a Legend after My 10 Year-Long…
Cats and Dragon
Easygoing Territory Defense by the Op…
A Livid Lady's Guide to Getting Even
Heroine? Saint? No, I'm an All-Works …
☀️ De vuelta al gym
Después de poco más de una semana, por fin tocó regresar al gimnasio. 💪 La semana estuvo medio complicada: entre el gimnasio cerrado varias veces, algunos días de bici y otros en los que ni para eso había muchas ganas… se terminó yendo más rápido de lo que esperaba. 😅
Hoy al menos pude volver y trabajar bastante la parte de arriba: pecho, espalda, hombros, brazos y core. No salió exactamente como quería porque tenía el tiempo contado, había bastante gente y algunas máquinas que quería usar nunca se desocuparon. 😂
Aun así, se trabajó bien y me fui contento. A veces toca hacer lo que se puede con lo que hay. 😌💪
Esperemos que esta semana todo vuelva un poquito más a la normalidad. 🔥
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Hoy al menos pude volver y trabajar bastante la parte de arriba: pecho, espalda, hombros, brazos y core. No salió exactamente como quería porque tenía el tiempo contado, había bastante gente y algunas máquinas que quería usar nunca se desocuparon. 😂
Aun así, se trabajó bien y me fui contento. A veces toca hacer lo que se puede con lo que hay. 😌💪
Esperemos que esta semana todo vuelva un poquito más a la normalidad. 🔥
Go For It, Nakamura-kun!!
🚲 Una vista que siempre estuvo ahí
No sé cuántas veces había pasado en bici por este lugar y nunca se me había ocurrido voltear atrás 😂
Esta vez lo hice y me encontré con una vista preciosa de la Ciudadela. 🏰✨ Y por la tarde, con esa luz, se aprecia todavía más bonito.
A veces solo hace falta mirar hacia otro lado para descubrir algo que siempre estuvo ahí. 🚲🌇
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Esta vez lo hice y me encontré con una vista preciosa de la Ciudadela. 🏰✨ Y por la tarde, con esa luz, se aprecia todavía más bonito.
A veces solo hace falta mirar hacia otro lado para descubrir algo que siempre estuvo ahí. 🚲🌇
Pues ya me siento mucho mejor. Los días anteriores me había sentido medio malito, con el cuerpo cortado y como medio muerto, así que me estaba tomando un paracetamol de un gramo cada 24 horas, jeje. Tampoco estaba tan mal, pero sí me estaba haciendo bastante el paro.
Hoy, entre tantas cosas que tenía que hacer, se me olvidó tomármelo. Y pues bueno, ya terminó el día y al final ni hizo tanta falta. Tal vez sí me siento un poquito más cansado de lo normal, pero nada que ver con cómo me sentía los días anteriores.
No sé qué haya sido, si una gripa, algún virus, un rotavirus, un parvovirus, jajaja, o quién sabe qué, pero parece que ya se me pasó. 😌
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Hoy, entre tantas cosas que tenía que hacer, se me olvidó tomármelo. Y pues bueno, ya terminó el día y al final ni hizo tanta falta. Tal vez sí me siento un poquito más cansado de lo normal, pero nada que ver con cómo me sentía los días anteriores.
No sé qué haya sido, si una gripa, algún virus, un rotavirus, un parvovirus, jajaja, o quién sabe qué, pero parece que ya se me pasó. 😌