Todo esto originalmente iban a ser publicaciones separadas, pero se me vino el tiempo encima, no publiqué ninguna y ya se me juntaron, así que toca actualización general de cosas que probablemente no le importan a nadie 😌
Primero: poco a poco he ido recuperando mi pasado digital. Ya migré un buen de cosas que tenía en Mastodon y recuperé bastantes publicaciones viejas, sobre todo de principios de 2025 a principios de 2026. También sobrevivieron algunas cosas de mi breve paso por Bluesky, que tuve durante un tiempo pero nunca terminó de convencerme demasiado. Algunas de esas publicaciones incluso habían acabado también en Mastodon, así que entre una cosa y otra logré rescatar bastante.
Pero bueno, esa etapa ya se acabó. Dejé de publicar completamente en Mastodon e incluso ya puse ahí mi blog personal para quien algún día caiga por accidente. Ahora tengo mi propia red social, con juegos de azar y mujerzuelas™, así que para bien o para mal este es mi rinconcito de internet.
Segunda actualización random: hoy iba en bicicleta y coincidí un rato con alguien del trabajo. Íbamos más o menos a la par cuando un señor decidió pasarse tranquilamente un semáforo en rojo justo cuando nosotros ya teníamos el siga. Nos tocó frenar y a mí, pensando que iba solo, se me salió un:
“NO MAMES, SEÑOR”.
Y entonces escucho al lado:
“¿Qué significa ‘no mames’?”
JAJAJAJA.
Así que terminé dando una pequeña clase improvisada de mexicanismos en bicicleta, intentando explicar que es algo tipo c’est pas possible, pero que tampoco recomiendo ir soltándolo alegremente con cualquier hispanohablante. Más que nada porque yo lo dije precisamente porque creía que nadie me estaba escuchando 😂
Tercera actualización: hoy también llegué a la conclusión de que últimamente estoy haciendo mi trabajo un poco con las patas.
Lo curioso es que aparentemente la gente está bastante contenta con lo que hago. El problema es que mis propias métricas sí han bajado bastante y yo me doy cuenta. Tuve mi rachita de trabajar viendo anime, series, escuchando podcasts y demás, y seguramente eso tuvo bastante que ver.
Tampoco pienso volverme un workaholic ni regalar horas extra porque esos numeritos no me van a pagar más a final de mes. Pero sí quiero recuperar un poquito mi propio nivel, aunque sea solamente por satisfacción personal. Básicamente: trabajar cuando estoy trabajando y dejar el anime para cuando estoy viendo anime. Concepto revolucionario.
Lo más absurdo es que al mismo tiempo soy suficientemente intenso con mi trabajo como para haberme hecho mi propia aplicación personal para tener juntas herramientas, referencias e información que necesito constantemente. Una especie de Frankenstein montado a partir de cosas que ya existían, automatizaciones mías y recursos que me facilitan bastante el día a día.
Así que vivo permanentemente entre:
“qué hueva trabajar, ya me quiero jubilar”
y
“voy a programarme una herramienta nueva para trabajar mejor”.
Lamentablemente faltan aproximadamente 50 millones de años para mi jubilación.
Y creo que esas eran todas las publicaciones que tenía pendientes.
Antes subía cualquier tontería a alguna red y por lo menos aparecía un “1 vista”, una estrellita, un like o alguna señal de que aquello había llegado a otro ser humano.
Ahora esto se siente más como meter mensajes en botellas y aventarlos al océano infinito.
Quién sabe quién llega aquí. Quién sabe quién lee esto.
Pero bueno, supongo que ese es el precio de tener mi propia red social con juegos de azar y mujerzuelas™.
Literalmente, si desconecto un enchufe, se acaba todo.
Y eso me da muchísima risa.
Ver más
Primero: poco a poco he ido recuperando mi pasado digital. Ya migré un buen de cosas que tenía en Mastodon y recuperé bastantes publicaciones viejas, sobre todo de principios de 2025 a principios de 2026. También sobrevivieron algunas cosas de mi breve paso por Bluesky, que tuve durante un tiempo pero nunca terminó de convencerme demasiado. Algunas de esas publicaciones incluso habían acabado también en Mastodon, así que entre una cosa y otra logré rescatar bastante.
Pero bueno, esa etapa ya se acabó. Dejé de publicar completamente en Mastodon e incluso ya puse ahí mi blog personal para quien algún día caiga por accidente. Ahora tengo mi propia red social, con juegos de azar y mujerzuelas™, así que para bien o para mal este es mi rinconcito de internet.
Segunda actualización random: hoy iba en bicicleta y coincidí un rato con alguien del trabajo. Íbamos más o menos a la par cuando un señor decidió pasarse tranquilamente un semáforo en rojo justo cuando nosotros ya teníamos el siga. Nos tocó frenar y a mí, pensando que iba solo, se me salió un:
“NO MAMES, SEÑOR”.
Y entonces escucho al lado:
“¿Qué significa ‘no mames’?”
JAJAJAJA.
Así que terminé dando una pequeña clase improvisada de mexicanismos en bicicleta, intentando explicar que es algo tipo c’est pas possible, pero que tampoco recomiendo ir soltándolo alegremente con cualquier hispanohablante. Más que nada porque yo lo dije precisamente porque creía que nadie me estaba escuchando 😂
Tercera actualización: hoy también llegué a la conclusión de que últimamente estoy haciendo mi trabajo un poco con las patas.
Lo curioso es que aparentemente la gente está bastante contenta con lo que hago. El problema es que mis propias métricas sí han bajado bastante y yo me doy cuenta. Tuve mi rachita de trabajar viendo anime, series, escuchando podcasts y demás, y seguramente eso tuvo bastante que ver.
Tampoco pienso volverme un workaholic ni regalar horas extra porque esos numeritos no me van a pagar más a final de mes. Pero sí quiero recuperar un poquito mi propio nivel, aunque sea solamente por satisfacción personal. Básicamente: trabajar cuando estoy trabajando y dejar el anime para cuando estoy viendo anime. Concepto revolucionario.
Lo más absurdo es que al mismo tiempo soy suficientemente intenso con mi trabajo como para haberme hecho mi propia aplicación personal para tener juntas herramientas, referencias e información que necesito constantemente. Una especie de Frankenstein montado a partir de cosas que ya existían, automatizaciones mías y recursos que me facilitan bastante el día a día.
Así que vivo permanentemente entre:
“qué hueva trabajar, ya me quiero jubilar”
y
“voy a programarme una herramienta nueva para trabajar mejor”.
Lamentablemente faltan aproximadamente 50 millones de años para mi jubilación.
Y creo que esas eran todas las publicaciones que tenía pendientes.
Antes subía cualquier tontería a alguna red y por lo menos aparecía un “1 vista”, una estrellita, un like o alguna señal de que aquello había llegado a otro ser humano.
Ahora esto se siente más como meter mensajes en botellas y aventarlos al océano infinito.
Quién sabe quién llega aquí. Quién sabe quién lee esto.
Pero bueno, supongo que ese es el precio de tener mi propia red social con juegos de azar y mujerzuelas™.
Literalmente, si desconecto un enchufe, se acaba todo.
Y eso me da muchísima risa.
🏠 Revolcándome por el piso 😂
Segunda ronda de experimentos con los entrenamientos en casa. Primero tocó mover muebles, recoger un poco la sala y despejar suficiente espacio para poder tirarme al suelo y revolcarme a gusto 😂 Luego sí, a hacer ejercicio.
Esta vez metí algunos ejercicios nuevos y ya noté diferencia con los abdominales de tijera. La vez pasada me dejaron bastante cansado y hoy tuve mucha más resistencia, así que algo estamos avanzando. 💪
Eso sí, otra vez casi nada de sudor. Probablemente todavía estoy llevando estos entrenos bastante tranquille, pero por ahora me está gustando ir descubriendo qué funciona y qué puedo hacer con el espacio que tengo.
Hoy salió poco más de una hora. La misión sigue siendo llegar a hora y media… algún día el tiempo cooperará 😂🏠💪
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Esta vez metí algunos ejercicios nuevos y ya noté diferencia con los abdominales de tijera. La vez pasada me dejaron bastante cansado y hoy tuve mucha más resistencia, así que algo estamos avanzando. 💪
Eso sí, otra vez casi nada de sudor. Probablemente todavía estoy llevando estos entrenos bastante tranquille, pero por ahora me está gustando ir descubriendo qué funciona y qué puedo hacer con el espacio que tengo.
Hoy salió poco más de una hora. La misión sigue siendo llegar a hora y media… algún día el tiempo cooperará 😂🏠💪
Hace unos seis meses tuve un sueño bastante largo y extraño en el que viajaba a México con mi marido. Lo raro no era que fuéramos a México, sino la manera en la que teníamos que llegar.
En el sueño ya no era posible cruzar el Atlántico. No recuerdo exactamente qué había ocurrido, pero era una zona completamente prohibida para la navegación civil. No podían pasar aviones, barcos ni prácticamente ningún tipo de transporte porque quien intentara atravesarlo corría el riesgo de ser destruido. Era como una gran frontera entre dos bloques políticos que dominaban el mundo.
De un lado estaba América, prácticamente bajo la influencia de Estados Unidos. Del otro estaba Eurasia, con China como la gran potencia dominante. Europa seguía existiendo como Europa, con sus países, sus gobiernos, sus símbolos y la Unión Europea, pero en la práctica estaba muy integrada dentro de la esfera china.
Por eso, para viajar de Francia a México ya no se podía tomar simplemente un vuelo desde París. Había que ir hacia el este.
Salíamos de nuestra casa con las maletas y caminábamos algunas cuadras. Recuerdo que la ciudad se veía distinta, aunque seguía siendo reconocible. Había muchos más árboles, más vegetación y paneles solares por todos lados. Todo parecía un poco más verde y modernizado.
Antes de ir a la estación pasábamos por un Carrefour para comprar algunas cosas para el viaje, como yogures y comida sencilla.
El Carrefour seguía siendo Carrefour y conservaba su imagen habitual, pero junto al nombre aparecían caracteres chinos. No recuerdo exactamente qué decían. Simplemente formaban parte de la imagen de la tienda, como si la empresa se hubiera integrado de alguna manera con una compañía china o estuviera operando dentro de ese nuevo sistema económico.
Ese tipo de cosas se repetía constantemente.
Había empresas europeas que aparentemente seguían existiendo, pero su identidad visual había cambiado. Algunas parecían haberse fusionado con compañías chinas, otras quizá habían sido compradas y otras simplemente seguían funcionando con una presencia china mucho más visible.
Recuerdo especialmente pasar frente a una tienda de Orange.
Seguía estando el característico cuadro naranja de la empresa, así que visualmente uno entendía inmediatamente que seguía siendo Orange. Sin embargo, dentro del cuadro ya no aparecía la palabra «Orange». En su lugar había caracteres chinos blancos.
Parecía seguir siendo la misma empresa y conservar su iconografía, pero claramente algo había cambiado en su propiedad o en su identidad.
La sensación general era que China había rescatado financieramente a Europa después de alguna gran crisis y que, como consecuencia, se había integrado profundamente en su economía. No era exactamente una ocupación militar ni una colonia. Francia seguía siendo Francia y la Unión Europea seguía funcionando, pero Europa parecía encontrarse bajo el manto económico y estratégico de China.
Incluso los idiomas reflejaban esa nueva realidad.
Había una especie de directriz europea según la cual la información oficial importante tenía que estar disponible en inglés, francés, alemán y chino, además del idioma local de cada país. En España, por ejemplo, la información gubernamental podía aparecer en español, pero también en esos otros cuatro idiomas.
Como imprimir absolutamente todo en tantos idiomas sería complicado, se utilizaban muchísimos símbolos y pictogramas.
Las señales eran mucho más visuales. En lugar de depender tanto de frases escritas, había iconos que permitían entender fácilmente hacia dónde ir, dónde estaba una salida de emergencia o qué había que hacer.
También los productos estaban adaptados a ese mundo multilingüe.
En el supermercado, buena parte de la información detallada de los alimentos estaba disponible mediante códigos QR. Podías escanearlos con el teléfono y automáticamente te aparecían los ingredientes, la información nutricional y otros datos en el idioma en el que tuvieras configurado el dispositivo.
Después de comprar las cosas seguíamos hacia la estación y desde ahí comenzaba realmente el viaje.
Íbamos hasta París para tomar un tren de altísima velocidad que atravesaba Europa y Eurasia hasta llegar a China.
No era exactamente un TGV. Era más parecido a uno de esos trenes chinos de alta velocidad, aunque estaba integrado dentro del sistema ferroviario francés.
Lo que recuerdo con mucha claridad era el logo de SNCF.
Conservaba aproximadamente la forma rectangular del logotipo, pero todo había sido rediseñado. El fondo era rojo y tenía estrellas dispuestas de una manera que recordaba inmediatamente a la bandera de China. Sobre ese fondo aparecían las letras blancas de SNCF.
Alrededor del rectángulo había además un borde muy fino formado por una línea blanca y una línea azul, de manera que seguía existiendo una referencia visual a Francia.
Era una mezcla muy evidente entre la identidad francesa de SNCF y la iconografía de la bandera china.
El tren era muchísimo más rápido que un tren convencional y, curiosamente, viajar desde París hasta China era bastante barato.
No recuerdo el precio exacto, pero sí recuerdo que no nos preocupaba demasiado ese tramo del viaje. La parte económica complicada iba a ser después, cuando tuviéramos que volar hacia México.
Parecía que viajar dentro de Eurasia era algo fácil y accesible. La infraestructura ferroviaria estaba completamente integrada y probablemente muy subvencionada.
Al llegar a China comenzaban muchos más controles migratorios.
Y ahí aparecía otra particularidad importante del mundo del sueño: no podíamos simplemente tomar un vuelo directo desde China hasta México.
Había que pasar primero por una especie de territorio neutral.
No recuerdo exactamente dónde estaba. Creo que era una isla o, por lo menos, un territorio separado que no pertenecía claramente ni al bloque chino ni al estadounidense.
Desde alguna parte de China tomábamos un avión hasta esa zona neutral.
Ese lugar funcionaba como una especie de punto de conexión entre los dos grandes bloques del mundo. Ahí podían llegar aviones procedentes de la esfera china y desde ahí podían salir otros vuelos hacia América.
Era una puerta entre dos sistemas que casi no tenían comunicación directa entre sí.
Había muchísimos controles migratorios durante todo ese proceso: al salir de China, al entrar en esa zona neutral y nuevamente antes de viajar hacia América.
Desde esa isla finalmente tomábamos el avión hacia Ciudad de México.
Ese era el tramo caro del viaje.
Mientras que atravesar Eurasia en tren era relativamente barato, cruzar de un bloque político al otro costaba bastante más. Por eso el gasto importante del viaje no era llegar hasta China, sino volar desde aquella zona del Pacífico hasta México.
En ese mundo, Estados Unidos parecía haberse hecho prácticamente con todo el continente americano, mientras que China dominaba o ejercía una enorme influencia sobre Eurasia.
Europa conservaba sus países, sus idiomas, sus símbolos y sus instituciones, pero dependía muchísimo de China.
También recuerdo que en Europa existía una especie de renta básica universal. No era una cantidad enorme. Eran aproximadamente 300 euros al mes. Ayudaba un poco con los gastos, pero no era suficiente para vivir sin trabajar ni mucho menos.
Lo extraño de todo el sueño era que nada de esto parecía excepcional para quienes vivíamos ahí.
El mundo había cambiado por completo.
El Atlántico estaba cerrado.
Europa había quedado integrada dentro de la esfera china.
Estados Unidos dominaba América.
Para viajar de Francia a México había que atravesar Eurasia, llegar a China, volar hasta un territorio neutral y desde ahí cruzar el Pacífico hasta Ciudad de México.
Y, sin embargo, la vida cotidiana continuaba.
La gente seguía saliendo de casa, caminando por las calles, entrando al Carrefour, comprando yogures, escaneando códigos QR, tomando trenes, pasando controles migratorios y haciendo planes de viaje.
Todo aquel nuevo orden mundial se había convertido en algo completamente normal.
Y nosotros simplemente queríamos llegar a México.
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En el sueño ya no era posible cruzar el Atlántico. No recuerdo exactamente qué había ocurrido, pero era una zona completamente prohibida para la navegación civil. No podían pasar aviones, barcos ni prácticamente ningún tipo de transporte porque quien intentara atravesarlo corría el riesgo de ser destruido. Era como una gran frontera entre dos bloques políticos que dominaban el mundo.
De un lado estaba América, prácticamente bajo la influencia de Estados Unidos. Del otro estaba Eurasia, con China como la gran potencia dominante. Europa seguía existiendo como Europa, con sus países, sus gobiernos, sus símbolos y la Unión Europea, pero en la práctica estaba muy integrada dentro de la esfera china.
Por eso, para viajar de Francia a México ya no se podía tomar simplemente un vuelo desde París. Había que ir hacia el este.
Salíamos de nuestra casa con las maletas y caminábamos algunas cuadras. Recuerdo que la ciudad se veía distinta, aunque seguía siendo reconocible. Había muchos más árboles, más vegetación y paneles solares por todos lados. Todo parecía un poco más verde y modernizado.
Antes de ir a la estación pasábamos por un Carrefour para comprar algunas cosas para el viaje, como yogures y comida sencilla.
El Carrefour seguía siendo Carrefour y conservaba su imagen habitual, pero junto al nombre aparecían caracteres chinos. No recuerdo exactamente qué decían. Simplemente formaban parte de la imagen de la tienda, como si la empresa se hubiera integrado de alguna manera con una compañía china o estuviera operando dentro de ese nuevo sistema económico.
Ese tipo de cosas se repetía constantemente.
Había empresas europeas que aparentemente seguían existiendo, pero su identidad visual había cambiado. Algunas parecían haberse fusionado con compañías chinas, otras quizá habían sido compradas y otras simplemente seguían funcionando con una presencia china mucho más visible.
Recuerdo especialmente pasar frente a una tienda de Orange.
Seguía estando el característico cuadro naranja de la empresa, así que visualmente uno entendía inmediatamente que seguía siendo Orange. Sin embargo, dentro del cuadro ya no aparecía la palabra «Orange». En su lugar había caracteres chinos blancos.
Parecía seguir siendo la misma empresa y conservar su iconografía, pero claramente algo había cambiado en su propiedad o en su identidad.
La sensación general era que China había rescatado financieramente a Europa después de alguna gran crisis y que, como consecuencia, se había integrado profundamente en su economía. No era exactamente una ocupación militar ni una colonia. Francia seguía siendo Francia y la Unión Europea seguía funcionando, pero Europa parecía encontrarse bajo el manto económico y estratégico de China.
Incluso los idiomas reflejaban esa nueva realidad.
Había una especie de directriz europea según la cual la información oficial importante tenía que estar disponible en inglés, francés, alemán y chino, además del idioma local de cada país. En España, por ejemplo, la información gubernamental podía aparecer en español, pero también en esos otros cuatro idiomas.
Como imprimir absolutamente todo en tantos idiomas sería complicado, se utilizaban muchísimos símbolos y pictogramas.
Las señales eran mucho más visuales. En lugar de depender tanto de frases escritas, había iconos que permitían entender fácilmente hacia dónde ir, dónde estaba una salida de emergencia o qué había que hacer.
También los productos estaban adaptados a ese mundo multilingüe.
En el supermercado, buena parte de la información detallada de los alimentos estaba disponible mediante códigos QR. Podías escanearlos con el teléfono y automáticamente te aparecían los ingredientes, la información nutricional y otros datos en el idioma en el que tuvieras configurado el dispositivo.
Después de comprar las cosas seguíamos hacia la estación y desde ahí comenzaba realmente el viaje.
Íbamos hasta París para tomar un tren de altísima velocidad que atravesaba Europa y Eurasia hasta llegar a China.
No era exactamente un TGV. Era más parecido a uno de esos trenes chinos de alta velocidad, aunque estaba integrado dentro del sistema ferroviario francés.
Lo que recuerdo con mucha claridad era el logo de SNCF.
Conservaba aproximadamente la forma rectangular del logotipo, pero todo había sido rediseñado. El fondo era rojo y tenía estrellas dispuestas de una manera que recordaba inmediatamente a la bandera de China. Sobre ese fondo aparecían las letras blancas de SNCF.
Alrededor del rectángulo había además un borde muy fino formado por una línea blanca y una línea azul, de manera que seguía existiendo una referencia visual a Francia.
Era una mezcla muy evidente entre la identidad francesa de SNCF y la iconografía de la bandera china.
El tren era muchísimo más rápido que un tren convencional y, curiosamente, viajar desde París hasta China era bastante barato.
No recuerdo el precio exacto, pero sí recuerdo que no nos preocupaba demasiado ese tramo del viaje. La parte económica complicada iba a ser después, cuando tuviéramos que volar hacia México.
Parecía que viajar dentro de Eurasia era algo fácil y accesible. La infraestructura ferroviaria estaba completamente integrada y probablemente muy subvencionada.
Al llegar a China comenzaban muchos más controles migratorios.
Y ahí aparecía otra particularidad importante del mundo del sueño: no podíamos simplemente tomar un vuelo directo desde China hasta México.
Había que pasar primero por una especie de territorio neutral.
No recuerdo exactamente dónde estaba. Creo que era una isla o, por lo menos, un territorio separado que no pertenecía claramente ni al bloque chino ni al estadounidense.
Desde alguna parte de China tomábamos un avión hasta esa zona neutral.
Ese lugar funcionaba como una especie de punto de conexión entre los dos grandes bloques del mundo. Ahí podían llegar aviones procedentes de la esfera china y desde ahí podían salir otros vuelos hacia América.
Era una puerta entre dos sistemas que casi no tenían comunicación directa entre sí.
Había muchísimos controles migratorios durante todo ese proceso: al salir de China, al entrar en esa zona neutral y nuevamente antes de viajar hacia América.
Desde esa isla finalmente tomábamos el avión hacia Ciudad de México.
Ese era el tramo caro del viaje.
Mientras que atravesar Eurasia en tren era relativamente barato, cruzar de un bloque político al otro costaba bastante más. Por eso el gasto importante del viaje no era llegar hasta China, sino volar desde aquella zona del Pacífico hasta México.
En ese mundo, Estados Unidos parecía haberse hecho prácticamente con todo el continente americano, mientras que China dominaba o ejercía una enorme influencia sobre Eurasia.
Europa conservaba sus países, sus idiomas, sus símbolos y sus instituciones, pero dependía muchísimo de China.
También recuerdo que en Europa existía una especie de renta básica universal. No era una cantidad enorme. Eran aproximadamente 300 euros al mes. Ayudaba un poco con los gastos, pero no era suficiente para vivir sin trabajar ni mucho menos.
Lo extraño de todo el sueño era que nada de esto parecía excepcional para quienes vivíamos ahí.
El mundo había cambiado por completo.
El Atlántico estaba cerrado.
Europa había quedado integrada dentro de la esfera china.
Estados Unidos dominaba América.
Para viajar de Francia a México había que atravesar Eurasia, llegar a China, volar hasta un territorio neutral y desde ahí cruzar el Pacífico hasta Ciudad de México.
Y, sin embargo, la vida cotidiana continuaba.
La gente seguía saliendo de casa, caminando por las calles, entrando al Carrefour, comprando yogures, escaneando códigos QR, tomando trenes, pasando controles migratorios y haciendo planes de viaje.
Todo aquel nuevo orden mundial se había convertido en algo completamente normal.
Y nosotros simplemente queríamos llegar a México.
Un panbazo??
🚲 Ahora sí me mamé 😂
Hoy sí se me fue la mano con el tiempo y la distancia. Empecé como cualquier paseo y terminé haciendo bastante más de lo que esperaba 😂
Pero bueno, todo bien. Creo que no me sobreexigí… o tal vez sí un poquito, pero a estas alturas ya qué importa 😂🚲💪
Pero bueno, todo bien. Creo que no me sobreexigí… o tal vez sí un poquito, pero a estas alturas ya qué importa 😂🚲💪
Uy si!!! Tan picoso que le voy a poner 3 chiles guajillo con venas y semillas para que amarre lol 🔥🌶️
Lo que escucho mientras cocino para la noche mexicana....
Ok, fiesta equivocada....
Buscaré un remix Patrio...
Ok, fiesta equivocada....
Buscaré un remix Patrio...
Acaba de sonar el teléfono fijo y mis primeros pensamientos fueron:
Está sonando algo raro. Creo que es una llamada.
¿Será Meet? No, Meet no suena así.
¿WhatsApp? No, WhatsApp tampoco suena así.
¿Facebook? Tampoco.
¿Será alguna aplicación vieja que casi no uso y que ni recuerdo cómo suena?
¿Será Teams? Teams casi nunca me marca… y cuando me llaman normalmente es por teléfono, pero mi celular tampoco suena así.
¿Qué será? ¿Qué será?
…
Ah, ya sé qué es.
El teléfono fijo.
Ay, pero no voy a contestar. Seguramente va a ser una arnaque (fraude) o alguna publicidad.
Si es importante, me va a marcar al celular y, si no contesto, me va a llegar un correo electrónico o un mensaje de texto.
Fin.
Nota al margen: mi teléfono fijo no suena como un teléfono normal. Tiene una musiquita que parece sonido de llamada, pero no es el clásico ring ring ni ninguno de los tonos típicos de teléfono. Suena más bien como la notificación de alguna aplicación, de ahí toda mi confusión. 😂
Ver más
Está sonando algo raro. Creo que es una llamada.
¿Será Meet? No, Meet no suena así.
¿WhatsApp? No, WhatsApp tampoco suena así.
¿Facebook? Tampoco.
¿Será alguna aplicación vieja que casi no uso y que ni recuerdo cómo suena?
¿Será Teams? Teams casi nunca me marca… y cuando me llaman normalmente es por teléfono, pero mi celular tampoco suena así.
¿Qué será? ¿Qué será?
…
Ah, ya sé qué es.
El teléfono fijo.
Ay, pero no voy a contestar. Seguramente va a ser una arnaque (fraude) o alguna publicidad.
Si es importante, me va a marcar al celular y, si no contesto, me va a llegar un correo electrónico o un mensaje de texto.
Fin.
Nota al margen: mi teléfono fijo no suena como un teléfono normal. Tiene una musiquita que parece sonido de llamada, pero no es el clásico ring ring ni ninguno de los tonos típicos de teléfono. Suena más bien como la notificación de alguna aplicación, de ahí toda mi confusión. 😂
🚲 El calentamiento empezó antes de llegar
Hoy me fui al gimnasio combinando bici y auto. Sí llegué bien, pero entre una cosa y otra terminé tardando más, sobre todo por la bici 😂 No sé si quiera repetir la experiencia.
Ya en el gym, aproveché para trabajar pecho, espalda, hombros y abdomen. Me tomé mi tiempo y terminé con una buena sesión. Al menos todo el trayecto valió la pena. 💪
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Ya en el gym, aproveché para trabajar pecho, espalda, hombros y abdomen. Me tomé mi tiempo y terminé con una buena sesión. Al menos todo el trayecto valió la pena. 💪
Originalmente, la idea era llevar nada más la tinga: unas tostadas de tinga con frijoles negros de la olla, todo muy bonito y con elementos muy tradicionales.
En esa primera exposición también llevamos aguas frescas, y después surgió la idea de hacer una segunda con un enfoque un poco distinto. Ahí repetimos las aguas y agregamos una entrada: el cóctel de camarón.
Al final, lo que empezó como un solo platillo fue creciendo poco a poco. Primero fue la tinga con las aguas; después, las aguas con el cóctel de camarón.
Y mientras estábamos ahí, en la sobremesa de esa segunda exposición, empezaron a hablar del mole. Nos dijeron que a ver si para la próxima llevábamos mole, así que ahora estamos viendo si finalmente se autoriza y se arma una tercera exposición. 👀
La verdad, tanto las aguas frescas como el cóctel de camarón los llevé con un enfoque un poco más barrial, porque para mí son de esas cosas que siempre aparecen en cualquier tianguis o mercado: un puesto de aguas y un puesto de mariscos con cóctel de camarón. Tal vez estoy generalizando muchísimo o tal vez me falta visitar más tianguis, pero en mi cabeza eso ya es un clásico. Y justo por eso también nacieron los rótulos.
Sí, ya sé que los rótulos normalmente remiten más a negocios establecidos y aquí ando mezclando un poco distintas fantasías del comercio mexicano, pero honestamente siento que quedó bien.
Y si ahora sí se arma lo del mole, la verdad ya no me voy a matar haciendo escenarios increíbles para el photoshoot ni desvivirme buscando mil elementos, porque al final el fotógrafo hace lo que se le da la gana. 😂
Así que para el mole, mi nueva propuesta será otra fantasía completamente distinta: unas canastitas de hojaldre rellenas de mole, cubiertas con ajonjolí tostado, servidas en una porción pequeña sobre un plato metálico, con un mapa en blanco y negro de la Ciudad de México de fondo.
Si ya vendí la fantasía del platillo tradicional y luego la del platillo callejero, ahora les voy a vender la fantasía del restaurante gourmet mamón de Las Lomas de Ciudad de México.
Ver más
En esa primera exposición también llevamos aguas frescas, y después surgió la idea de hacer una segunda con un enfoque un poco distinto. Ahí repetimos las aguas y agregamos una entrada: el cóctel de camarón.
Al final, lo que empezó como un solo platillo fue creciendo poco a poco. Primero fue la tinga con las aguas; después, las aguas con el cóctel de camarón.
Y mientras estábamos ahí, en la sobremesa de esa segunda exposición, empezaron a hablar del mole. Nos dijeron que a ver si para la próxima llevábamos mole, así que ahora estamos viendo si finalmente se autoriza y se arma una tercera exposición. 👀
La verdad, tanto las aguas frescas como el cóctel de camarón los llevé con un enfoque un poco más barrial, porque para mí son de esas cosas que siempre aparecen en cualquier tianguis o mercado: un puesto de aguas y un puesto de mariscos con cóctel de camarón. Tal vez estoy generalizando muchísimo o tal vez me falta visitar más tianguis, pero en mi cabeza eso ya es un clásico. Y justo por eso también nacieron los rótulos.
Sí, ya sé que los rótulos normalmente remiten más a negocios establecidos y aquí ando mezclando un poco distintas fantasías del comercio mexicano, pero honestamente siento que quedó bien.
Y si ahora sí se arma lo del mole, la verdad ya no me voy a matar haciendo escenarios increíbles para el photoshoot ni desvivirme buscando mil elementos, porque al final el fotógrafo hace lo que se le da la gana. 😂
Así que para el mole, mi nueva propuesta será otra fantasía completamente distinta: unas canastitas de hojaldre rellenas de mole, cubiertas con ajonjolí tostado, servidas en una porción pequeña sobre un plato metálico, con un mapa en blanco y negro de la Ciudad de México de fondo.
Si ya vendí la fantasía del platillo tradicional y luego la del platillo callejero, ahora les voy a vender la fantasía del restaurante gourmet mamón de Las Lomas de Ciudad de México.
Ay, estos hermosos rótulos que mandé a hacer eran originalmente para las recetas de los platillos anteriores que están en el perfil. La idea era usarlos en un photoshoot con distintos elementos mexicanos, todo muy cuidado y pensado hasta el último detalle.
Pero a la mera hora el fotógrafo hizo lo que quiso y, al final, estos pobres rótulos terminaron completamente descartados de las fotos. 😂
Afortunadamente encontraron una segunda vida como decoración en mi cocina y, sinceramente, amé cómo quedaron ahí.
Tal vez para la próxima cocina mande a hacer unos todavía más grandes. 😂
Y pues bueno… c’est la vie.
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Pero a la mera hora el fotógrafo hizo lo que quiso y, al final, estos pobres rótulos terminaron completamente descartados de las fotos. 😂
Afortunadamente encontraron una segunda vida como decoración en mi cocina y, sinceramente, amé cómo quedaron ahí.
Tal vez para la próxima cocina mande a hacer unos todavía más grandes. 😂
Y pues bueno… c’est la vie.